DE BADOSTÁIN A BERLIN ORIENTAL

Historia y compromiso de las hermanas Úriz

Badostáin (Navarra) rescata del olvido la lucha de las hermanas Pepita y Elisa Úriz

Pepita Úriz, con un parche negro, junto a otras dirigentes comunistas, entre ellas La Pasionaria.

Tras ella, también con gafas, su hermana Elisa. / Imagen cedida por Olga García Domínguez

11 de julio de 2014

MANUEL MARTORELL

A mediados de 1962, Elisa Úriz se lamentaba en una carta remitida desde su exilio berlinés de no haber podido recoger su pasaporte en la Embajada de España porque “tenía la esperanza” de volver a Badostáin, el pequeño pueblo navarro próximo a Pamplona del que era originaria. En la sede consular le advirtieron que no podía acogerse a los beneficios del retorno y, por lo tanto, existía la posibilidad de ser detenida al pisar territorio español.

Entonces, Elisa tenía 69 años. Cuando España recuperó la democracia, pasaba los 80 y ya solo esperaba el final de su vida. La muerte le sorprendió en Berlín Oriental el 14 de agosto de 1979. Veinte años antes le había abandonado su hermana Josefa (Pepita), a la que estuvo estrechamente unida hasta su fallecimiento en 1958 también en la República Democrática de Alemania.

 

Ambas habían abandonado Badostáin a comienzos de siglo para estudiar Magisterio en Madrid. Su padre, Benito Úriz Erro, capitán de Infantería, viéndolas jugar en la plaza del frontón, jamás pudo imaginar que aquellas niñas ocuparían, como solía decir Manuel Vázquez Montalbán, “un lugar de excepción entre los atletas morales del siglo XX”.

En Madrid, la vida de las hermanas Úriz dio un vertiginoso giro. Entraron en contacto con el pujante movimiento progresista del que surgiría la Generación del 27. Interesadas en los avances pedagógicos que se extendían por toda Europa, fueron becadas por la Junta de Ampliación de Estudios para seguir cursos en el extranjero; Josefa con un proyecto sobre “Pedagogía y Organización Escolar” en la escuela belga del profesor Ovide Decroly y Elisa para realizar un curso sobre Gimnasia Rítmica en Ginebra con Emile Jacques Dalcroze.

 

Profesoras de distintas Escuelas Normales en Cataluña, Pepita revolucionó la enseñanza de las futuras maestras, escandalizando a las clases acomodadas de Girona y Lleida, donde fue suspendida de empleo y sueldo durante un año, además de ser desterrada a 100 kilómetros de la ciudad. El ‘pecado': recomendar a las jóvenes estudiantes la lectura del libro La condición social de la mujer española, escrito por Margarita Nelken.

A las hermanas Úriz se les ve también juntas en la formación de las primeras organizaciones españolas en defensa de los derechos de la mujer. Elisa, por ejemplo, participa en mítines junto a Clara Campoamor e integra la delegación que, representando a las mujeres españolas, participa el año 1934 en la jornada internacional contra la guerra y el fascismo en París.

Fundadoras de la Federación catalana de Trabajadores de la Enseñanza (FETE-UGT) y del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), se implicaron de lleno en la ayuda a las familias que huían de las zonas de combate durante la Guerra Civil, siendo nombrada Pepita directora general de Evacuación por el Gobierno de Negrín. Elisa, en sus informes personales, señala que llegaron a dar 100.000 menús diarios a los niños refugiados cuando muchos adultos no tenían qué llevarse a la boca.

Juntas recorrieron los caminos del exilio; juntas lucharon en la Resistencia Francesa, formando un importante núcleo del llamado “maquis español” en París, junto a los hermanos Josep y Conrad Miret.

Tras la II Guerra Mundial, Elisa está al frente de la Unión de Mujeres Españolas (UME), junto a Dolores Ibarruri, Irene Falcón, Victoria Kent, la escritora María Teresa León –esposa de Rafael Alberti- y la actriz María Casares, representando a esta organización en la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), probablemente el mayor movimiento de estas características que haya existido en la Historia, con millones de afiliadas.

Desde la FDIM, lanza continuas campañas de solidaridad con los presos políticos españoles, poniendo especial atención en las condiciones de vida de las mujeres y sus hijos. En noviembre de 1948 consigue que una comisión internacional de juristas visite las cárceles de Las Ventas y Yeserías. Expulsadas de Francia en 1951 por su militancia comunista debido a la Guerra Fría, deben volver a tomar el camino del exilio, ahora hacia su residencia definitiva en Berlín Este.

A Elisa se debe la idea de que exista una carta de los derechos de la infancia y se instaure un Día Internacional del Niño. Su propuesta fue aprobada por las Naciones Unidas en 1954, celebrándose desde entonces en todo el mundo una jornada internacional en defensa de los niños.

Por su compromiso contra la ocupación nazi de Francia, el presidente de la República Democrática Alemana le concedió en 1962 la Medalla de la Lucha contra el Fascismo 1933-1945, dedicada a aquellas personas que se habían distinguido por combatir al régimen hitleriano desde que los nazis llegaron al poder hasta la muerte de Hitler. Su hermana Pepita también recibió reconocimientos semejantes por su contribución a la renovación pedagógica, como los dedicados por Institut Catalá de la Dona, la Asociación Rosa Sensat o el Ayuntamiento de Lleida, que bautizó con su nombre una de sus calles.

Mientras, en Badostáin, su pueblo natal, nadie sabía nada de su existencia salvo sus familiares más cercanos. Los pasados días 12, 13 y 14 de junio, el Concejo de esta pequeña localidad navarra colindante con Pamplona puso fin al olvido inaugurando una exposición gráfica sobre su trayectoria vital y bautizando con el nombre de las dos la plaza donde jugaban de niñas antes de ocupar una memorable página en la Historia.

Placa colocada en honor de las hermanas Úriz en el pueblo de Badostáin. / Manuel Martorell

Consejo directivo de la Federación Democrática Internacional de Mujeres. La navarra Elisa Úriz es

la segunda por la derecha. / Archivo Histórico del PCE