DE BADOSTÁIN A BERLIN ORIENTAL

Historia y compromiso de las hermanas Úriz

Lleida

Y con ella llegó el escándalo.

Pepita Úriz se incorpora a la Escuela Normal de Maestras de Lleida el 21 de mayo de 1921 tras un incidente académico por celebrar con las alumnas el 1 de Mayo. En Lleida ocupa la vacante dejada por la muerte de Dolors Serradell, profesora de Pedagogía. Desde el principio, los métodos revolucionarios de Pepita chocan con la directora, Lilia Heras Velasco, y escandalizaron a los sectores conservadores de la ciudad catalana. El obispo Josep Miralles Sbert la denunció ante el rector de la Universidad de Barcelona, de la que dependía esa escuela de magisterio. Esta denuncia provocó una polémica pública sobre la “libertad de cátedra” que terminó llegando al Parlamento.

Las innovaciones de la profesora Úriz

• Abre una residencia “laica” para chicas, ya que las jóvenes estudiantes de Magisterio tenían que alojarse en conventos de monjas.

• Moderniza la biblioteca dotándola de nuevos fondos, sala de lectura y una gestión cooperativa del préstamo de los libros, hasta entonces encerrados en un armario.

• Impulsa la Cátedra de Estudio del Catalán, una idea que entonces se estaba extendiendo por las escuelas normales de Cataluña.

• Las alumnas de Magisterio oyen por primera vez hablar de “clases sociales” y organizaciones políticas de izquierda.

• Acuden a una conferencia de Lina Odena, una joven que había visitado la Unión Soviética.

• Visitan y comentan sobre el terreno las joyas artísticas o centros de investigación, como la antigua catedral románico-gótica de Lleida y el Observatorio Científico del Ebro.

• Introduce la técnica del comentario de texto sobre lecturas seleccionadas en torno a la realidad social y científica.

• Sustituye los manuales por apuntes en clase que después son multicopiados siguiendo la “técnica Freinet”.

Observatorio científico  del Ebro en

Tarragona.

Puerta de los Apóstoles de la antigua catedral románico-gótica de Lleida.

Lecturas peligrosas

Entre las lecturas recomendadas, estaban los “Diálogos de Platón”, “Las moradas” (Santa Teresa de Jesús), “De la gracia en la escuela” (Johann Gottfried Herder), “Valor social de leyes y autoridades”  (Pedro Dorado Montero), “Los orígenes del conocimiento” (Ramón Turró i Darder), y “La condición social de la mujer en España. Su estado actual: su posible desarrollo”, de la dirigente socialista Margarita Nelken.

La denuncia

El obispo Miralles Sbert

Bacanales en la Residencia

En el proceso judicial contra Pepita Úriz por “Responsabilidades Políticas” tras la Guerra Civil, el gobernador de Lleida, al referirse a sus actividades en esta ciudad, la compara con “La Pasionaria”, y el Servicio de Información de Falange la tacha de “roja peligrosísima”. Por su parte, el alcalde Víctor Hellín, igualmente falangista, le acusa de propagar “el amor libre” en la Residencia femenina que dirigía, “llegando a un grado tal de perversión que se organizaban verdaderas bacanales a las que asistían las estudiantes completamente desnudas”.

La propuesta de realizar estas lecturas, sobre todo las de Nelken, Turró y Dorado, fue rechazada por la directora de la Escuela, Lilia Heras, en base a criterios morales y políticos. En noviembre de 1921, el obispo Josep Miralles Sbert asumió las quejas de la directora, denunciando a Josefa Úriz ante el rector de la Universidad de Barcelona. El entonces rector, Vicente Carulla Margenat, marqués de Carulla, le abrió un expediente nombrando como instructor del mismo al catedrático Carlos Calleja.

Santiago Ramón y Cajal y Menedez Pidal

La polémica llega a las Cortes

El expediente provocó en Lleida una “guerra mediática” entre el periódico “El Ideal”, que defendía la “libertad de cátedra”, y “El País”, que respaldaba la posición del obispo y la directora, provocando un escándalo público que llegó a las Cortes españolas. En su defensa intervinieron activamente Margarita Nelken, los diputados Augusto Barcia Trelles, Rafael Guerra del Río y Melquíades Álvarez, presidente del Congreso. La polémica parlamentaria contribuyó al desgaste político y posterior dimisión del ministro de Educación y, finalmente, a la paralización del proceso.

El manifiesto de los intelectuales

En enero de 1922, más de 200 personalidades del mundo de la educación y la cultura dirigen al ministro de Educación un manifiesto defendiendo la “sagrada libertad de cátedra” y contra “la intromisión de la Iglesia en la acción educativa”. Entre los firmantes, entre otros, destacan el filólogo Ramón Menéndez Pidal, el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, Hermenegildo Giner de los Ríos, Manuel Bartolomé Cossio, Américo Castro, Julián Besteiro, Melquíades Álvarez, Rodolfo Llopis, Antonio Machado junto a las profesoras normalistas Carmen García de Castro, Emilia Elías, Magdalena S. Fuentes y Margarida Comas.

Los cargos

En enero de 1925, en plena Dictadura de Primo de Rivera, la Universidad de Barcelona reabre el proceso, acusándole formalmente de ocho cargos: imponer libros “contrarios a la fe y la moral”, amenazas a las alumnas que no los lean, pronunciar frases contrarias a la religión como decir a las alumnas que son “pequeñas chinitas” con “barreras que no se atreven a saltar” o que “debe admitirse el darwinismo”, injurias y coacción a las alumnas, “conducta poco satisfactoria”, utilización política de un expediente “secreto” y hacer caso omiso a las indicaciones de la directora, Lilia Heras.

Interviene la Masonería

Dictada sentencia, se realizó una colecta entre estudiantes, maestros y profesores para reintegrarle el sueldo sustraído, lográndose cubrir los doce meses de sanción. En esta colecta tuvo un especial protagonismo la Masonería española a iniciativa de la Logía del Nordeste (Cataluña), contribuyendo con 500 pesetas. Según esta logia, el obispo había sido mero instrumento de la denuncia y el verdadero impulsor era el profesor de Religión, Ramón Reig Prenafeta, que sería ejecutado, junto a otros sacerdotes de Lleida, al comenzar la Guerra Civil, en agosto de 1936, abriéndose después un proceso para su beatificación.

La rehabilitación

La condena y el destierro

El Consejo Universitario presidido por el rector Andrés Martínez Vargas e integrado por los decanos de Filosofía y Letras, Derecho, Ciencias, Farmacia, Instituto de Enseñanza, Escuela Mercantil, de Artes y Oficios, además del secretario general y del vicerrector Magín Fábrega, en la sesión celebrada el 22 de febrero de 1925 le suspende durante un año de empleo y sueldo, no pudiendo, además, residir a menos de 100 kilómetros de Lleida. La decisión se tomó con un solo voto en contra, sin aclarar en el acta cuál de los componentes del tribunal académico se oponía a la sanción.

El 6 de marzo de 1925 se reincorporó a la Escuela Normal de Mujeres, de cuya dirección se encargó al proclamarse el 14 de abril la II República Española. El 28 de enero de 1932 fue nombrada directora de la Escuela Unificada de Magisterio como consecuencia del decreto que fusionaba los centros femenino y masculino. Destituida en 1934 tras el triunfo de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), fue rehabilitada como “comisaria delegada” de la Escuela en agosto de 1936, ya iniciada la Guerra Civil.